Atrapado el arco iris

No es habitual encontrarse en la prensa una noticia que haga referencia a algo tan intangible como el arco iris y mucho menos que comenten en esa noticia que unos científicos han conseguido atrapar el arco iris. Lo cierto es que hoy me encontré en la edición digital de ABC con una información que se expresaba en esos términos, lo que a primera vista puede parecer sorprendente y merece una ligera explicación.

Lo cierto es que el arco iris es el fenómeno óptico atmosférico por excelencia. Sobre él se ha escrito mucho, tanto en la literatura científica como en la poesía y la narrativa; no en vano históricamente ha inspirado multitud de leyendas, como la del caldero de oro –que conseguiría todo aquel que consiguiera atravesarlo- o curiosas creencias, como la que se estableció en la Edad Media, que aseguraba que todo aquel que lograra cruzar por debajo el arco iris cambiaba de sexo. Imagino que tendrá con esto algo que ver el hecho de que la bandera con la que se identifica a nivel mundial a los homosexuales sea precisamente la de los colores del arco iris.

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Yendo a la noticia que me ha animado a escribir esta nueva entrada, se comentaba en ella que unos científicos norteamericanos han logrado capturar este fenómeno y “tenerlo entre sus manos a su antojo”. Al parecer, “lo han hecho de manera muy sencilla, utilizando unas lentes básicas y un plato de cristal. Esta técnica tiene importantes efectos prácticos, ya que podría ser utilizada para almacenar información usando la luz; una maravilla para la computación óptica y las telecomunicaciones.”

Continúa la crónica de ABC que “hace dos años, Ortwin Hess, de la Universidad de Surrey, logró un nuevo método para ralentizar y capturar la luz que podría multiplicar por mil la memoria de los ordenadores. La técnica se basaba en la propiedad de la «refracción negativa» de metamateriales creados artificialmente. Ahora, los investigadores de la Universidad Towson en Baltimore (Maryland, EEUU), cuyo estudio aparece en la revista New Scientist, han dado un paso más en la captura de la luz. El equipo fabricó su trampa para arco iris con una lente convexa de cristal de 4,5 mm de diámetro, con una de sus caras recubierta por una película de oro de 30 nm (nanometros) de espesor. Esta cara se apoya sobre un cristal plano recubierto de otra película de oro de 70 nm. La luz queda almacenada en la capa de aire que pasa por el medio. Con la ayuda de un láser, los científicos hicieron aparecer el arco iris. Visto desde arriba con un microscopio, el fenómeno destaca como una serie de anillos de colores.”

Sorprendente, sin duda, esta noticia, como sorprendente sigue siendo la formación de un arco iris en la atmósfera, un fenómeno único y muy espectacular que todavía esconde algunos secretos, aunque gracias a la ciencia lo comprendemos en gran medida.

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