Cielo a velloncicos

Aunque su fecha cambia de unos años a otros en nuestro calendario, el final de la Semana Santa marca casi siempre el paso del tiempo invernal al de primavera, una época del año en la que el alargamiento de los días y la progresiva subida de las temperaturas va llevándonos de forma irremisible hacia el caluroso verano ibérico. Al dejar atrás el tiempo de cuaresma, cambia nuestro chip, paralelamente a ese cambio de tiempo y de paisaje que percibimos que comienza a acontecer.

La mayor insolación comienza a calentar cada vez más el suelo y con ello se forman corrientes de aire ascendentes (llamadas “térmicas”) que a menudo culminan en la aparición de cúmulos de aspecto algodonoso, siendo las zonas de montaña –debido al impulso adicional que sufre allí el aire hacia arriba, en sus laderas de solana–, donde este tipo de nubosidad es más abundante, iniciándose en nuestro país la temporada de tormentas.

A finales del mes pasado coincidí en una tertulia de TV (en el programa “Para todos la 2”)  con el filólogo y profesor de la Universidad de Barcelona, José Enrique Gargallo, quien lleva años investigando los orígenes y la diversidad de los refranes del tiempo. En dicha tertulia, en la que participó también mi buen amigo y periodista Vicente Aupí,  José Enrique enumeró un buen número de curiosos refranes y uno de ellos hacía alusión precisamente a esas nubes cumuliformes que por efecto del calor crecen a partir de esta época del año por nuestro país, y que dan lugar a los típicos chaparrones tormentosos.

cumulos
El referido refrán se emplea por tierras turolense; no en vano las áreas montañosas del sur de Teruel son, junto al sector central de los Pirineos, una de las zonas de España con mayor actividad tormentosa, y dice así: “Cielo a velloncicos, agua a cantaricos”.

vellones
La palabra “velloncicos” deriva de la castellana “vellones”, que son los montones de lana que resultan de esquilar a las ovejas. Lo cierto es que el aspecto de los cúmulos recuerda bastante a esos montones de lana. En el lenguaje meteorológico popular también es bastante habitual referirse a un cielo aborregado, en referencia a la apariencia de borregos que tienen esas nubes (tanto los llamados “cúmulos de buen tiempo” –que serían las típicas nubes de algodón– como los altocumulus floccus), cuando aparecen salpicando el cielo, como si de un rebaño se tratara. La gente del campo tiene claro al ver esas nubes que el tiempo va a cambiar a lluvia (“cielo aborregado, a los tres días mojado”), lo que sin ser una regla infalible, suele cumplirse en bastantes ocasiones, pues son anunciadoras de la llegada de frentes.

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